Revisitando The Last Starfighter

A veces una casualidad desentierra recuerdos de películas y series que hemos visto y olvidado, y nos pone ante el dilema ¿Nos atrevemos a verla de nuevo? Ese fue el caso hace poco cuando acudió a nuestra memoria la vaga imagen de una película, The Last Starfighter (Estrenada en España como Starfighter: La aventura comienza), de recuerdo entrañable y a la vez difuso. Y, aprovechando estos días de reposo obligado, volvimos a visionarla, asumiendo el riesgo de descubrir que el paso de los años podía haber sentado muy mal a The Last Starfighter.

The Last Starfighter es una de tantas películas de ciencia ficción que, a principios de los 80, intentaron capitalizar el éxito de la saga Star Wars. La historia se puede resumir rápidamente: La vida rutinaria y sin expectativas de un joven estadounidense se altera drásticamente cuando rompe un récord de puntuación en una máquina de arcade… y descubre que los alienígenas le han reclutado para librar una guerra en el espacio (si, el matamarcianos arcade era una prueba de habilidad). A partir de aquí, nuestro protagonista, Alex, se ve envuelto en una guerra entre potencias extraterrestres, en la que su don como artillero espacial jugará un papel decisivo.

Visto el argumento básico, hay una serie de elementos que destacan. Evidentemente, está el ochentismo imperante, algo normal por ser una pelìcula de 1984, pero que más de 30 años después se convierte en un barniz entrañable. Y precisamente por ser una película tan antigua, destaca el uso extensivo y pionero de gráficos 3D generados por ordenador, de tal forma que prácticamente no hay escenas de naves espaciales filmadas con maquetas. Vistos hoy en día estos gráficos tienen una apariencia muy simple, pero fueron un verdadero hito en su momento, y aguantan razonablemente bien. Estos gráficos 3D se complementan con un diseño de producción no especialmente original (bebe de Star Wars claramente, y también algo de Star Trek), pero efectivo, con los pertinentes alienígenas cabeza de goma. Merece mención aparte el diseño de las Gunstars, los cazas que pilotan los starfighters. Su diseño está en un buen término medio entre lo peliculero y lo verosímil, y destacan también por ser un caza biplaza en el que el protagonista no es el piloto, ¡si no el artillero!, algo realmente poco habitual.

La Gunstar no es el típico caza. ¡Queremos una Gunstar!

Por otro lado, The Last Starfighter es interesante a nivel de guion. Contra lo esperado, la mayor parte de la acción ocurre en la Tierra, dedicando poco metraje a las batallas espaciales. Esto es así porqué la acción se divide en dos líneas: La llegada e incorporación de Alex en las fuerzas espaciales del planeta Rylos corren paralelas a las peripecias de Alex-Beta, el robot idéntico que le reemplaza para que no se note que se ha ido, quien no está muy bien programado para interactuar con los humanos (en especial con Maggie, la novia de Alex…). Esta segunda línea argumental es principalmente cómica, pero en contra de lo que se podía esperar, encaja bien sin que el humor se haga pesado. Así mismo, el guion también es sorprendente al combinar situaciones y elementos muy vistos con subversiones totales de los clichés del género y la época.

Como conclusión, tenemos una película razonablemente divertida, siempre teniendo en cuenta que su argumento es bastante simple, y el ritmo un poco lento. Sus efectos visuales están superados, pero aun así está hecha con esmero, y podemos decir que es una película que más que envejecer, se vuelve antigua, y por lo tanto, merecedora de cuidado.

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