El sentido de la maravilla abandona a Picard

Aviso previo: Comentaremos con spoilers varios, avisados están vds.

Estuvo a punto de funcionar. Casi lo consigue, pero no. Este no es un comentario destructivo ni una pataleta, es simplemente un lamento, el testimonio de una decepción. El penúltimo episodio de la 1a temporada de Star Trek Picard «Et in Arcadia Ego» (1ª parte) ha certificado el descenso a la vulgaridad de lo típico por parte de una serie que prometía de verdad.

Lo están buscando

Con esto no estamos diciendo que Star Trek Picard sea «mala». No lo es. Pero se ha vuelto «del montón». En la recta final de la temporada la serie ha ido dejando atrás los elementos que le dieron esa textura y ese sentido de la maravilla que nos cautivaron para adoptar un formato narrativo más típico, muy común en muchas series de hoy día, y que se nos hace, disculpen la palabra, mediocre. Ya nos daban algunos avisos inquietantes la caracterización de los romulanos como unos villanos de folletín, cuya maldad es rayana en lo paródico, o que el personaje más interesante y molón, Elnor el elfo romulano, no estuviera aportando nada de nada, pero en este penúltimo capítulo de la temporada las cosas han tomado un rumbo sin aparente vuelta atrás. Vamos por partes:

¡Plot twist! ¡Plot twist!: Suponemos que a quien lo escribe le debe parecer brillante, pero tener un «plot twist» cada 5 minutos hace que estos pierdan toda la gracia: ¡Oh, llega el cubo borg! (De momento, para hacer nada) ¡Sale Brent Spiner! ¡La sintética Sutra puede hacer fusión mental vulcana! ¡La Admonición es un mensaje de máquinas para máquinas! ¡Sutra es malvada! ¡Ahora los sintéticos se vuelven contra los protagonistas! Uno acaba simplemente insensibilizado al efecto dramático del giro argumental. Los momentos de impacto dramático deben prepararse, y aquí no ocurre, simplemente caen del cielo. Y todo esto tiene que ver con otro problema.

Ritmo frenético y sin preparación: Quizás la diferencia más notable con el inicio de la serie es la velocidad a la que ocurren las cosas. Una de las mejores bazas que tenía Star Trek Picard era ese ritmo moderado que ayudaba a construir la historia y dar algo de profundidad a los personajes. Eso ha quedado olvidado, y ahora las cosas ocurren de golpe y sin preparación alguna, simplemente porque lo dicta una línea en el guión. No surge de natural, es forzado.

Quizás el ejemplo más simple es todo lo que rodea al personaje de Sutra: Aparece como «la hermana de Soji con elementos de Data», que de repente sabe hacer fusión mental vulcana (si no querían romper nuestra suspensión de la incredulidad esto tendrían que haberlo explicado muy bien), que de repente resulta ser malvada y perversa, asesinando a una congénere y liberando a Narek por las buenas, para terminar volviéndose contra los protagonistas y proclamando su voluntad de acabar con toda la vida orgánica. Estupendo todo. El problema de fondo es que Sutra es un villano que aparece en la historia de improviso y justo al final, con lo que no hay tiempo de darle forma, ni de dotarla de unas motivaciones coherentes que surjan de algo. Es un personaje totalmente plano, y sus acciones son «porque lo dicta el guión», no porque tengan sentido según su caracterización.

Veremos a un Picard sintético: Este elemento nos duele especialmente, y estaremos encantados de equivocarnos si no llega a ocurrir. La enfermedad terminal del almirante era una decisión narrativamente valiente y que daba un sentido adicional y profundo a su misión. Pero ya nos temíamos que la tentación de una cura milagrosa sería demasiado fuerte, y así ha sido. Desde el momento que vemos que el Dr. Soong Jr. está preparando un «gólem» y nos habla de que ha estado trabajando en la transferencia de la mente* sabemos que de manera inexorable ese será el vehículo de salvación de nuestro siempre apreciado Jean-Luc. Eso es tramposo y chapucero. La muerte es algo serio y se debe tratar narrativamente como tal. ¿Dónde habrá quedado el Picard de Star Trek Generations? «Nuestra mortalidad es lo que nos define, Soran. Forma parte de la verdad de la existencia».

Fan fiction de pago: Parece duro de decir, pero las «concesiones a los fans»empobrecen la serie. Estas pueden ir desde guiños fugaces hasta elementos de calado, que no aportan nada a la historia y que en ocasiones pueden incluso lastrarla. Por citar dos ejemplos recientes, uno bastante inocuo seria el acento escocés (al menos en la versión original) del ingeniero holográfico de La Sirena, porque claro, ¡como es ingeniero, tiene que ser escocés como Scotty! (pista: no tiene gracia). Y el más reciente y egregio, la aparición de un desconocido hijo del doctor Noonian Soong, un tal Altan Inigo Soong (cuyas iniciales: A.I., curiosamente coinciden con las de «Inteligencia Artificial» en inglés.¿Coincidencia? ¿Un guiño? ¿Una pista de un futuro plot twist? Ni lo sabemos ni, llegados a este punto, nos importa) que no es más que una excusa para que Brent Spiner pueda aparecer en el capítulo. Nos puede parecer entrañable verle, sin duda, pero es algo estéril en sí mismo (bueno, es peor, servirá para dar pie al Picard sintético, y parece que es otro nuevo villano añadido en este final de temporada, ya que con los romulanos Narissa y Narek, la comodoro Oh y la sintética Sutra no teníamos bastante). Esa clase de cosas son propias de la fan fiction, no de una narrativa sólida y profesional.

Una historia que se tambalea: La coherencia es el pegamento que mantiene unida una narrativa, y está pasando lo que nos temíamos. Esto cada vez pega menos. Cuanto más sube la apuesta, más difícil resulta dar una respuesta satisfactoria. ¿Por qué las hermanas Soji y Asha fueron enviadas a la Tierra y al Artefacto sin saber que eran androides? La base de la historia no se sabe ni parece que importe. ¿Y en qué quedamos con los romulanos? ¿Son una sombra de lo que habían sido, quedando en el lugar de su imperio un «espacio sin ley»? ¿O siguen siendo una potencia temible que puede movilizar sin pestañear una flota de más de 200 pájaros de guerra? Esa es la clase de cosas que rompen la coherencia y, gota a gota, le quitan valor a una historia.

Y por supuesto, todo el tema de la «alianza de formas de vida sintética de más allá del tiempo y el espacio» (sic), que se ofrece cordialmente al genocidio y xenocidio generalizados… Resulta exagerado incluso para lo habitual en Star Trek (aunque conservamos la débil esperanza de que, en vista a la afición por los plot twist demostrada los guionistas, en el último episodio de la temporada revelen que la Admonición era en realidad una «prueba de carácter» en vez de una exhortación a la matanza de seres orgánicos), y esto nos lleva de nuevo al tema de preparar bien las cosas, no soltarlas de golpe, lo que podría ser el equivalente narrativo de la frase de Carl Sagan de que «las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias». Si lo que vas a soltar es extraordinario, prepáralo extraordinariamente (y no, no nos quejamos de las sospechosas similitudes con los Segadores de Mass Effect; al fin y al cabo, todo el mundo copia de alguien).

Pero lo mejor aún está por llegar: Nos queda un capítulo para cerrar la temporada y poder valorar por entero el resultado del experimento, así que ya veremos. De momento, por todas las razones expuestas, no somos optimistas, pero quién sabe, dicen que el cielo es el límite.


*Recomendamos al doctor Soong que se ponga a estudiar disciplina mental vulcana por correspondencia, tal como ha hecho la sintética Sutra, y así podrá dominar fácilmente la técnica de transferir el katra de una persona a otra. ¡De nada!

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