Terminator: Dark Fate – El futuro ya no es lo que era

El futuro desconocido rueda hacia nosotros. Por primera vez lo afronto con un sentimiento de esperanza. Porque si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos.

Estas son las palabras de Sarah Connor que nos acompañaban en la escena final de Terminator 2: El Juicio Final, mientras veíamos una carretera que nos conducía en plena noche hacia un futuro desconocido. La escena final de Terminator también transcurría en una carretera, pero en ella, éramos conscientes de hacia dónde nos encaminaba: hacia la futura guerra entre la humanidad y las máquinas. En Terminator 2, en cambio, ese futuro apocalíptico quedaba anulado, por lo que el destino al que nos conduciría ahora esa carretera no sólo pasaba a ser algo ignoto, sino que volvía a estar en manos de la humanidad.

El futuro no está escrito (o si).

Desde entonces, la franquicia se ha visto sucedida por cuatro películas que, con mayor o menor fortuna, han tratado de contarnos nuevas historias. Y no nos olvidemos de otros productos asociados a la franquicia, como videojuegos, cómics, e incluso una serie de televisión, que vamos a obviar porque lo que se contaba en las películas siempre tenía precedencia sobre lo que se contaba en otros medios. Y la última de esas películas, Terminator: Dark Fate, planteaba ignorar todo el material posterior a Terminator 2, para retomar la historia desde allí.

Y como el futuro ya no está escrito, tampoco lo estaba cuando en las oficinas de una productora cinematográfica alguien tuvo esa idea, esa magnífica idea, antes de empezar a escribir ni una sola línea del guión. Así que remontémonos a ese momento, cuando todo era posible.

Olvidemos por un momento todo lo que se nos ha contado en los casi treinta años que han transcurrido desde el estreno de Terminator 2 (llegó a los cines de Estados Unidos el 1 de julio de 1991) y pensemos en qué situación nos dejaba el final de esa película, y qué posibles formas de continuar la historia podríamos extrapolar a partir de allí.

Un concepto clave es que Skynet, la inteligencia artificial que desencadenará el holocausto atómico y liderará a las máquinas en su guerra contra la humanidad, ya no llegará a construirse, porque tanto la tecnología necesaria para ello (los restos de un Terminator) como el científico jefe del proyecto (el doctor Miles Dyson) han sido eliminados (dejemos a un lado todo lo que esto implica respecto a bucles temporales autogenerados o si el Skynet del futuro de Terminator era exactamente el mismo que el del futuro de Terminator 2; la franquicia nunca le ha dado demasiada importancia a las paradojas temporales, que son parte consustancial de la trama desde que se desveló la identidad del padre de John Connor, y cuando han intentado ahondar en el tema, han embrollado más de lo que han aclarado). En todo caso, y a pesar de que en Terminator 3 se nos diga lo contrario, hemos vuelto a ese lejano 1991 donde se nos dijo que ya no iba a haber Skynet, y por lo tanto no habría Día del Juicio ni guerra contra las máquinas.

Otro concepto clave es que la supervivencia de John Connor deja de estar asegurada. La guerra contra las máquinas implica que (a menos que algún Terminator lo impida con un asesinato preventivo) John Connor estará siempre allí para liderar a la resistencia humana. Por dura y atribulada que sea su vida, John Connor vivirá como mínimo hasta los cuarenta y cuatro años de edad (nace en 1985, y Kyle Reese procede del año 2029, fecha en la que John todavía sigue con vida). Pero dado que su destino ya no está predeterminado, a partir de ahora puede ocurrirle cualquier cosa. Como que fallezca mucho antes que en la línea temporal original.

Un gran líder… pero ya no hace falta.

La idea de John Connor muriendo joven puede provocar inicialmente repulsa, y nos recuerde otras felices ocurrencias como matar a Hicks y a Newt al inicio de Alien 3, ideas que además suelen acabar llevándose a cabo no por el interés que aporten a la trama, sino por cuestiones extracinematográficas, como que los actores no estén disponibles para el rodaje o hayan exigido un aumento de sueldo. De igual manera que la muerte de Hicks y Newt dejaba mal sabor de boca porque generaba la sensación de que todo lo que había ocurrido con ellos en Aliens había quedado en nada, enterarse de que John Connor murió pocos años después de Terminator 2 podría hacernos pensar que todo lo sucedido en esa película se ha quedado igualmente en nada. Pero no nos centremos tanto en John Connor y fijémonos en cómo su fallecimiento temprano afectará a quien es realmente el verdadero personaje protagonista de las dos primeras películas: Sarah Connor.

En Terminator, Sarah empieza siendo una víctima indefensa que necesita ser protegida, pero a lo largo de la película va aprendiendo a defenderse por sí misma, y tras la pérdida de su protector, acabará siendo ella quien liquide definitivamente a la máquina que pretendía asesinarla. Por lo tanto, hemos visto como Sarah pasa de ser una damisela en apuros a una damisela que se salva a sí misma.

En Terminator 2, aparte de ver que los acontecimientos de la película anterior supusieron un grave perjuicio para la salud mental de Sarah (no en vano empieza la película ingresada en un manicomio), aquí ella adopta el papel de «protector» que en la película anterior desempeñaba Kyle Reese. La víctima indefensa es ahora su hijo, que no será capaz de sobrevivir sin la ayuda de su madre (y la de un T-800 reprogramado por la resistencia humana), pero además Sarah experimenta una nueva transformación a lo largo de la película, porque pasa de ejercer un papel pasivo (esperar la llegada de nuevos Terminators y a que se produzca el apocalipsis nuclear) a uno proactivo: no sólo va a intentar evitar que las máquinas cambien la historia, sino que ella misma va a tratar de cambiar la historia. Si Skynet quiere evitar la aparición de John Connor, Sarah se propone evitar la aparición de Skynet. Y a diferencia de Skynet, Sarah logra su propósito.

Ahora bien, imaginémonos una secuela de Terminator 2 tomando como base la situación en que nos ha dejado esa película y que la verdadera protagonista es Sarah Connor. Si el personaje de Sarah sufrió una evolución en cada una de las películas, ¿cuál es la siguiente etapa a la que podría llegar en una hipotética Terminator 3 2.0)? ¿Qué acontecimiento podría obligar a Sarah a experimentar una transformación comparable a la de las dos primeras películas, teniendo en cuenta que no queremos hacer uso del manido recurso de la llegada de un Terminator procedente del futuro? Pues tal vez la opción más interesante y atrevida sea la muerte de su hijo.

El problema reside en cómo plantear la muerte de John Connor sin que ésta suponga una traición a las películas anteriores, que giraban precisamente en torno a garantizar su supervivencia. Pero sin la existencia de Skynet, John Connor ya no es necesario para la supervivencia de la humanidad, con lo que se convierte precisamente en el personaje con menos razones para proseguir en la franquicia. Y parafraseando a Nicholas Meyer, se puede matar al personaje si se le mata bien.

Pensemos en cuál es la personalidad de John Connor: es un joven de espíritu rebelde, que ha recuperado su relación con su madre, pero está acostumbrado a valerse por sí mismo (su madre le adiestró para ello), y acaba de sobrevivir a una serie de situaciones de peligros extremos (pocas cosas pueden equiparse a ser perseguido por un asesino robótico procedente del futuro). Así pues, podemos suponer que ante una nueva situación de peligro que se le presentara, John Connor no se mantendría al margen, sino que no podría evitar intervenir, sobre todo si hay otras personas en peligro. Al fin y al cabo, es la misma persona que, en un futuro desaparecido, actuó en defensa de la raza humana entera.

Y con demasiada frecuencia leemos la triste noticia de que se ha producido un tiroteo en un instituto estadounidense. John Connor nace en 1985, mientras que Terminator 2 transcurre en 1995, por lo que en esa película tiene unos diez años de edad. El Día del Juicio debía ocurrir el 29 de agosto de 1997, fecha en la que felizmente ahora no va a ocurrir nada demasiado fuera de lo normal. Sarah y John prosiguen con su vida, libre de futuros atentados contra sus vidas. Imaginemos pues un escenario en el que, pongamos que en 1999, con catorce años de edad, John Connor está asistiendo a clase en su instituto cuando dos estudiantes entran en el edificio provistos de armas de fuego y dispuestos a perpetrar una matanza. ¿Creéis por asomo que John Connor huiría o se quedaría paralizado por el pánico? ¿O más bien haría todo lo que estuviera en su mano para evitar una masacre?

En este escenario, John Connor sucumbiría a las heridas sufridas por las armas de fuego de los dos estudiantes, pero no antes de impedirles llevar a cabo sus intenciones, y con ello salvando al resto de los estudiantes del instituto. Es una muerte heroica, pero en la que el héroe perece comportándose de una forma consecuente a cómo le habíamos visto actuar hasta ahora. No contradice ni anula lo ocurrido en las dos películas anteriores. El John Connor que fallece en un tiroteo de instituto es tan o más heroico como el que se convirtió en líder de la resistencia humana, y los logros de las películas anteriores  siguen vigentes: Sarah Connor continúa viva, logró evitarse la creación de Skynet, el Día del Juicio no ha tenido lugar.

Pero eso dio paso a un futuro completamente desconocido, y de igual manera que la perdición de la humanidad ya no es segura, tampoco lo son la felicidad duradera de los héroes o la ausencia de nuevas calamidades.

Para Sarah Connor, la muerte de John resultaría especialmente traumática porque iría acompañada de connotaciones que van más allá de la muerte de un hijo: para empezar, ha sido causada por humanos, aquellos mismos humanos que al final de Terminator 2 ella se preguntaba si serían capaces de aprender el valor de la vida de sus congéneres. Los acontecimientos parecen indicar que no. Además, Sarah sabe que la muerte de John viene derivada de la alteración de la línea temporal original. Si no hubieran impedido la creación de Skynet, John habría alcanzado la edad adulta. En esencia, Sarah descubre que la salvación de la humanidad ha supuesto el sacrificio de su hijo. ¿Cómo no evitar considerarse culpable de la muerte de John, si la idea de evitar la creación de Skynet se le ocurrió a ella? ¿Cómo no desear deshacer los cambios en la línea temporal, aunque eso suponga condenar a la humanidad, si a cambio puede garantizar la supervivencia de su hijo? El potencial dramático de esa situación es enorme.

Más Sarah Connor, y menos Terminators.

Este escenario tan tremebundo y descorazonador no tiene la intención de arruinar el personaje de Sarah Connor convirtiéndolo en una fracasada amargada, pero sí la de ponerlo en una posición en la que ella crea que todos sus logros se han venido abajo. Si nos replanteamos las películas como  «La Trilogía de Sarah Connor»la muerte de John Connor ocurriría justo al principio de la tercera película, y si pensamos en la estructura narrativa en tres actos, podríamos decir que acabamos de alcanzar el final del segundo acto: es el momento en el que el protagonista prácticamente se ha rendido, aquel en el que las dificultades parecen insalvables. Ahora es cuando debe producirse un giro que proporcione al héroe un nuevo objetivo o le demuestre que todavía hay esperanza.

¿Cuál podría ser este giro? Sin Skynet y John Connor, el único límite es el de nuestra imaginación y el hecho de que la franquicia se llama Terminator, lo que parece imponer como requisito imprescindible que estas máquinas asesinas sigan apareciendo de algún modo. ¿Es posible la creación de Terminators sin la existencia de Skynet? En caso afirmativo, ¿en qué se diferenciarían de los que ya conocemos? ¿Se idearía alguna forma de viajar en el tiempo, o tal invención sólo fue posible gracias a la inteligencia sobrehumana de Skynet? En todo caso, supongamos una Sarah Connor completamente descorazonada que, cierto tiempo después de la muerte de su hijo, es testigo de algún tipo de crisis mundial relacionada con los avances en robótica e inteligencia artificial. Quizás, en este nuevo futuro, la situación de los Terminators sea más parecida a la de los replicantes de Blade Runner, los sintéticos de Alien o incluso los cylon de Battlestar Galáctica. ¿Podría ser que la humanidad desempeñe ahora el papel de villano? Sea como sea, Sarah vislumbra ahora una nueva causa por la que combatir, y en la que tal vez pueda ejercer un nuevo papel que no sea ni el de víctima ni el de protectora: el de mentora de una nueva generación de héroes.

Pues bien, Terminator: Dark Fate dispone todas las piezas para desarrollar exactamente el escenario que acabamos de proponer… y luego desaprovecha por completo todas sus posibilidades. Pero de eso hablaremos otro día.

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